
Autora: Aris Daniela P. Lozano
Hace unos días salió el informe del DANE con los principales indicadores del mercado laboral, trimestre móvil noviembre 2025 – enero 2026, y la ciudad que presenta mayor tasa de desocupación fue Quibdó con un 24,6%. He llegado a una conclusión: hemos hecho del primer puesto en desempleo nuestro paisaje cotidiano.
Aunque haya leve mejoría en el desempleo, en comparación con años anteriores, la verdad es que seguimos encabezando una lista que nadie quiere liderar; hay sueños pausados y una fuga de talento que nuestra región no se puede seguir permitiendo. Ahora mismo, nuestra economía está atrapada en un diseño en donde tenemos una limitada base industrial y baja diversificación productiva, que creo son algunos de los hilos que tejen una trampa de pobreza que nos mantiene muy debajo. Por ejemplo, al no transformar lo que producimos, terminamos «exportando» nuestro potencial y comprando productos terminados de afuera; vendemos el fruto, pero compramos el jugo procesado; aquí hay una fuga de empleos que se quedan en otras regiones.
Mucha de nuestra gente vive del día a día, del «rebusque» que, aunque nos mantiene con vida, nos priva de la estabilidad necesaria para construir el futuro que soñamos. Queremos caminar hacia nuestro propio desarrollo, entendiendo que el progreso no tiene que parecerse a lo que nos venden en USA; el desarrollo es, sencillamente, lo que nosotros queramos hacer de él.
Frente a este panorama, la respuesta no puede ser seguir esperando que las soluciones lleguen desde el interior del país. Y claro que no es una situación accidental, porque el interior siempre nos ha relegado; su desidia es una de las manifestaciones más claras del racismo estructural que vivimos. Tener economías propias significa que el valor agregado se quede en el territorio; significa que el joven profesional no tenga que elegir entre el desempleo o el destierro. Es mucho mejor que encuentre espacio en empresas locales que transformen nuestra biodiversidad, nuestra cultura y nuestro conocimiento ancestral en riqueza tangible.
En este sentido, apostar por lo propio es la única forma de que Quibdó deje de ser el «caso de estudio» de la pobreza para convertirse en el ejemplo de una soberanía económica que nace desde la raíz. Solo así, los datos del DANE dejarán de ser una condena para convertirse en el registro de nuestra propia transformación y, por qué no, un referente para el Pacífico colombiano y el mundo.
Fuente: Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). (2026). Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH): Mercado laboral – enero 2026 [Boletín técnico]. https://www.dane.gov.co/files/operaciones/GEIH/bol-GEIH-ene2026.pdf




