
Un informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), titulado “La frontera del Clan, migración irregular y crimen organizado en el Darién”, señala que entre enero y septiembre de 2022 el tráfico de migrantes llegó a la cifra récord de 151.000 personas.
También afirma que el Clan del Golfo es el actor armado hegemónico del lado colombiano de la frontera con Panamá.
Nunca antes habían atravesado tantas personas el Tapón del Darién. Ya en el 2021, una cifra récord de 133.000 migrantes y solicitantes de asilo atravesaron el Darién, según los datos oficiales de las autoridades panameñas. Nadie sabe con certeza cuántos han muerto por el camino, víctimas de la exigencia física del recorrido, las crecidas de los ríos o la violencia de grupos criminales en ese paraje inhóspito. El incremento tanto de familias migrantes como de menores no acompañados también ha alertado a las autoridades.
A diferencia del año pasado, cuando la mayoría de los migrantes pertenecían a la diáspora haitiana que recorre América Latina desde hace una década, en 2022 el fenómeno ha estado mayoritariamente representado por familias venezolanas que provienen de distintas partes de Sudamérica y se dirigen a Estados Unidos.
El control del Clan del Golfo se extiende a distintas esferas. “Además de la violencia que ejerce, también despliega acciones de gobernanza criminal, como la suplantación de la justicia, los intentos de cooptación de espacios y organizaciones comunitarias, la imposición de normas de conducta y de restricciones a la movilidad y la influencia indebida sobre los procesos electorales y políticos de la región”.
“Aunque su rol en las dinámicas de gobernanza criminal en la región es amplio y públicamente conocido, este grupo del crimen organizado tiene una influencia puntual sobre el tráfico y el paso de migrantes”, afirma el documento. Esto se traduce en la tributación forzada por todas las actividades relacionadas con este fenómeno, la contención de la violencia contra los migrantes del lado colombiano de la frontera y la autorización o restricción del uso de rutas marítimas y terrestres.
“La violencia se despliega en forma de asesinatos selectivos, amenazas, agresiones a líderes sociales, torturas, desplazamientos forzados individuales, reclutamiento forzado y violencia sexual”, detalla.
“A diferencia de lo que sucede con otros actores armados con influencia en pasos fronterizos en Colombia, este grupo no despliega acciones de gobernanza del otro lado de la frontera”, observa la FIP. “En Panamá, el panorama se asemeja más a la violencia indiscriminada que al control territorial, y se expresa en la proliferación de bandas delincuenciales dedicadas a emboscar frecuentemente a grupos de migrantes para robarles y cometer abusos sexuales”. De uno y otro lado, los migrantes siguen expuestos a todo tipo de abusos aberrantes.




