Cuando el 3 de noviembre de 1947 se sancionó la Ley 13 que elevó el Chocó a la categoría de departamento, quedó materializada una aspiración que venía siendo impulsada por los sectores progresistas de la región desde comienzos del siglo XX.
La ‘departamentalización’ de la entonces intendencia era una de sus banderas más importantes. Era considerada una sinecura al retraso frente a otras regiones que ofrecían algún progreso industrial y agrícola, una especie de carta de ciudadanía en el entorno nacional, una posición de igualdad y un golpe a la discriminación atávica frente al Chocó por los sectores dominantes.
En 1947 crecía la producción de oro y platino de la empresa gringa Chocó Pacífico, el saqueo de inmensos volúmenes de maderas preciosas, caucho y tagua del bosque tropical y el comercio con Cartagena. Se impulsaban “sueños de modernidad” con educación, carreteras, ferrocarriles y colonias agrícolas, se superaban anteriores controversias entre el Atrato y el San Juan y se afirmaba la identidad y el orgullo regional.
Han trascurrido 76 años luego de lograda la departamentalización. 76 años con episodios disímiles sobre los cuales podría escribirse una enciclopedia, pero que, como en todas las cosas, pueden encuadrarse en dos orillas contrarias.
De un lado, lo negativo. Llevamos varias décadas de deterioro social, económico y cultural como resultado de la aplicación de políticas del gobierno central de debilitamiento del sector público y de gobiernos regionales controlados por sectores corruptos, arribistas y oportunistas cuya principal fin es el enriquecimiento personal de sus cabecillas.
Como resultado se han destruido las instituciones regionales y locales, se ha hecho del peculado y el prevaricato una práctica diaria y elogiable, arrastrando el Chocó a la bancarrota y al fondo del abismo, con los peores índices de miseria, de expectativas de vida, desempleo, mortalidad, insalubridad y analfabetismo.
76 años y un departamento aplastado por las deudas y los embargos, sus entidades en liquidación, los hospitales y escuelas cayéndose a pedazos, la economía agonizante, el desempleo generalizado, la inseguridad rampante.
De otro lado, lo positivo. 76 años de titánicos esfuerzos de distintos sectores sociales por verdadero progreso social, de trabajo tesonero en las aulas, el comercio, el transporte, el campo. De luchas contra la desmembración, de paros cívicos que lograron obras importantes como las interconexiones eléctricas con Antioquia y Risaralda, la interconexión del Bajo Atrato, algunas pavimentaciones, la Universidad Tecnológica del Chocó, el puente de Yuto. 76 años de defensa y desarrollo de la cultura y el folclor regional y de resistencia de los valores humanistas del trabajo, la dignidad, la honestidad y la solidaridad.




