En Bahía Solano, un grupo de niñas, niños y jóvenes de la Institución Educativa Luis López de Mesa lleva doce años convirtiendo los ecosistemas del Pacífico chocoano en escenarios de investigación, educación ambiental y conservación. Se trata del Semillero de Investigación Propágulos, una iniciativa escolar que nació alrededor del estudio de los manglares y que hoy trabaja en cinco grandes líneas: basura marina, microplásticos, manglares, ballenas jorobadas y tortugas marinas.
El semillero nació en 2014, como resultado de un objetivo planteado dos años antes dentro del Proyecto Ambiental Escolar (PRAE). Desde sus comienzos desarrolló tres frentes de trabajo: investigación, educación ambiental y emprendimiento. Un trabajo académico presentado en 2015 ya documentaba las experiencias pedagógicas de Propágulos alrededor del ecosistema de manglar y destacaba la participación de los estudiantes en procesos de educación ambiental y conservación.
Con el paso de los años, la experiencia se amplió desde los manglares hacia los ecosistemas marino-costeros y las especies que los habitan. El proceso combina investigación científica, conocimientos comunitarios y participación de estudiantes, docentes, organizaciones locales, instituciones ambientales y redes científicas nacionales e internacionales.
Una escuela que salió al territorio
Uno de los principales proyectos del semillero es la Lancha del Saber, una estrategia de educación ambiental que comenzó con salidas a comunidades rurales en 2015 y recibió ese nombre en 2023.
La iniciativa busca llevar los procesos educativos más allá de las aulas urbanas y acercarlos a estudiantes de comunidades rurales del municipio. En 2024 se fortaleció con nuevas estrategias dirigidas a niños, niñas y adolescentes.
Las jornadas incluyen recorridos por ecosistemas marino-costeros, estaciones temáticas, talleres, juegos tradicionales del Pacífico, concursos, acertijos, música, chirimía, espacios de oralidad y conversaciones con pescadores, mayores y conocedores del territorio. También se realizan actividades de limpieza, restauración, reforestación y seguimiento a viveros de manglar.
En cada salida participan normalmente entre 10 y 15 integrantes del semillero. Los estudiantes con mayor experiencia acompañan a quienes comienzan su proceso de formación. Actualmente, el grupo está conformado aproximadamente en un 70 % por mujeres, además de incluir egresados, docentes colaboradores y una coordinación docente.
La Lancha del Saber ha realizado cerca de 80 jornadas y ha llegado a cientos de estudiantes rurales, además de docentes y familias, en comunidades como Punta Huina, Mecana, Nabugá, Huaca, Playa Potes y la comunidad indígena de Dumá.
Uno de los obstáculos es logístico: Propágulos no cuenta con una lancha propia. Para realizar los desplazamientos debe conseguir embarcación, combustible, materiales y otros recursos. El trabajo se sostiene mediante aportes de distintos aliados, en una dinámica comunitaria que sus integrantes describen como “hacer una choca”: uno aporta la lancha, otro el combustible, otro los materiales o los refrigerios.
Entre los aliados mencionados aparecen transportadores marinos locales, Fundación Socya, Fundación MarViva, Jardín Botánico del Pacífico, Fundación Natura, Diócesis de Istmina-Tadó, Asociación Caguama, Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP), Parques Nacionales Naturales-Utría y la Alcaldía de Bahía Solano.
De la basura de las playas a la ciencia ciudadana
Una de las experiencias que marcó la evolución del semillero fue el estudio de la basura marina.
En 2019, 16 estudiantes participaron en una investigación en las playas de Ciudad Mutis y El Almejal, en el corregimiento de El Valle, con la Red Latinoamericana de Científicos de la Basura, coordinada desde la Universidad Católica del Norte, en Coquimbo, Chile.
En Ciudad Mutis recolectaron y clasificaron 455 residuos sólidos. Durante las jornadas también encontraron un gaviotín (Thalasseus maximus) atrapado en nylon. Los estudiantes participaron en su rescate y acompañaron el proceso hasta su liberación.
Las encuestas realizadas durante esa investigación mostraron que el 73 % de la comunidad consultada reconocía que la basura existente en las playas era generada por personas de la propia zona. Estos resultados convirtieron a los estudiantes en productores de información sobre una problemática ambiental de su territorio.
Microplásticos: una nueva frontera de investigación
La investigación también se extendió hacia los microplásticos, en el marco de los proyectos Pacífico Vivo.
Propágulos trabaja en alianza con el grupo de investigación Ecología y Contaminación Acuática de la Universidad Nacional de Colombia, sede Palmira, con apoyo de la Fundación Socya y del Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico.
Los estudiantes realizan muestreos en playa Cuevita, uno de los lugares de anidación de tortugas marinas considerados importantes en Suramérica; en el manglar urbano de Ciudad Mutis y en los manglares de Mecana.
El propósito es ampliar posteriormente los estudios hacia la bahía de Cupica y otras playas de la región.
Para realizar los muestreos utilizan transectos, cuadrantes y procesos de tamizado, además de un estereoscopio donado por Pacífico Vivo. De acuerdo con la información publicada por El Espectador, este trabajo busca construir información sistemática sobre los microplásticos en una zona del Pacífico colombiano donde existían pocos datos de este tipo.
Los manglares: el origen de Propágulos
Aunque actualmente el semillero trabaja en diferentes ecosistemas y especies, los manglares fueron el punto de partida.
Las primeras investigaciones estuvieron relacionadas con preguntas sobre los sustratos que favorecen la siembra de diferentes especies de mangle. Posteriormente, Propágulos se vinculó con el IIAP y Codechocó en procesos de restauración de franjas de manglar.
Para las comunidades negras e indígenas del Pacífico, el manglar cumple funciones ambientales, económicas y culturales: proporciona alimentos, constituye una barrera frente al mar y los vientos, ofrece espacios para actividades ecoturísticas y forma parte de la memoria y las prácticas del territorio.
Una de las experiencias destacadas es la de una estudiante que, de manera autónoma, produjo cientos de propágulos que posteriormente permitieron reforestar una hectárea de una franja de manglar urbano degradada.
Ballenas: estudiantes convertidos en guías de turismo científico
Otra de las líneas actuales está relacionada con la ballena jorobada.
Desde 2023, la iniciativa de turismo científico Madre Agua comenzó a formar estudiantes del semillero. En 2024 el proceso se estructuró mediante un programa de formación por niveles destinado a preparar guías para el avistamiento responsable de ballenas.
Actualmente son 14 estudiantes los que participan en esta formación.
Durante el proceso aprenden sobre ecología y acústica de cetáceos, manejo de equipos de investigación y toma de datos que alimentan la base de información de Madre Agua. También reciben formación para comunicar sus conocimientos a turistas nacionales y extranjeros que llegan a Bahía Solano durante la temporada de migración de las yubartas.
La formación no se limita a acompañar a los turistas. Los estudiantes también comparten con diferentes sectores de la comunidad lo aprendido sobre el comportamiento de los cetáceos.
En 2026 elaboraron su primer póster científico, que será presentado en festivales y colegios. Además, dos estudiantes adelantan proyectos de grado sobre los cambios en la presión turística sobre las ballenas a lo largo de tres temporadas.
El proceso ya está teniendo impacto en las expectativas académicas de los jóvenes: algunos manifiestan su interés en estudiar biología marina y carreras relacionadas con las ciencias del mar.
Monitoreo nocturno de tortugas marinas
Las tortugas marinas constituyen otra línea de trabajo.
Los estudiantes participan como aprendices de la Asociación Caguama, liderada por Eblen Pérez, quien se ha convertido en una de las maestras del semillero en esta materia.
Los jóvenes realizan monitoreos nocturnos en playas de anidación, una actividad que combina formación, observación y ciencia ciudadana. Para estos procesos cuentan con respaldo logístico de la Fundación Natura, que facilita alojamiento en la Estación Septiembre, cercana a las playas donde se realizan los recorridos.
Los “Cinco Azules”
La agenda ambiental del semillero se ha ampliado también hacia el programa “Los 5 Azules”, centrado en cinco grupos de grandes especies migratorias del océano: ballenas, tortugas marinas, tiburones, mantarrayas y delfines.
El proceso hace parte de Océanos para la Vida y busca ampliar la educación ambiental hacia estas especies y su relación con la salud de los ecosistemas marinos.
En 2025, el proyecto internacional Save the Blue Five informó sobre acciones de conservación y educación ambiental desarrolladas en Bahía Solano y Nuquí. En ese marco acompañó una jornada de la Lancha del Saber en Punta Huina, donde jóvenes de Propágulos se reunieron con niños de la escuela local para compartir conocimientos sobre los Cinco Azules mediante actividades lúdicas y pedagógicas.
La iniciativa también busca extender estas actividades hacia El Valle y Bahía Cupica.
Una red de alianzas para hacer ciencia
El trabajo de Propágulos se sostiene mediante una red que combina actores comunitarios, educativos, científicos y ambientales.
Entre las instituciones y organizaciones vinculadas a sus diferentes procesos aparecen la Institución Educativa Luis López de Mesa, IIAP, Codechocó, Universidad Nacional de Colombia – sede Palmira, Red Latinoamericana de Científicos de la Basura, Fundación Socya, Fundación MarViva, Fundación Natura, Jardín Botánico del Pacífico, Asociación Caguama, Madre Agua, Parques Nacionales Naturales-Utría, Diócesis de Istmina-Tadó y Alcaldía de Bahía Solano, además de transportadores marítimos y otros actores locales.
La institución educativa también aporta recursos propios a parte de la logística y mantiene la continuidad pedagógica del proceso desde las aulas.
Doce años y varias generaciones
Desde su creación han pasado por Propágulos decenas de estudiantes, muchos de los cuales actualmente son profesionales o desarrollan sus actividades en otros campos. El proceso ha buscado que la formación científica no dependa necesariamente de que todos los participantes terminen convirtiéndose en investigadores.
Su aporte también está en formar jóvenes capaces de observar su territorio, formular preguntas, recoger información y participar en soluciones frente a problemas ambientales.
El semillero trabaja con recursos limitados, pero aprovecha como escenario de aprendizaje los propios ecosistemas de Bahía Solano. Playas, manglares, ríos y mar se convierten así en laboratorios abiertos donde los estudiantes aprenden a investigar su entorno y a transmitir ese conocimiento a otras comunidades.
La experiencia de Propágulos muestra, en doce años de trayectoria, una evolución que comenzó con el estudio de los manglares, pasó por la educación ambiental y la basura marina y hoy comprende microplásticos, restauración de manglares, ballenas jorobadas, tortugas marinas y los Cinco Azules.
En Bahía Solano, la ciencia no permanece encerrada en un laboratorio. Navega por los ríos y el mar, camina por los manglares, llega de noche a las playas de anidación y se encuentra con las comunidades rurales. Y en ese recorrido, un grupo de estudiantes ha convertido su propio territorio en objeto de conocimiento, escenario de aprendizaje y motivo para protegerlo.



