Arnoldo Palacios Mosquera, una vida divulgando al Chocó
Editorial de Chocó 7 días, edición 1040, nov. 20 de 2015.
La semana pasada falleció el escritor más importante del Chocó, reconocido como uno de los grandes de la literatura del siglo XX en Colombia. Con 91 años a cuestas, Arnoldo Palacios nunca perdió la lucidez ni el orgullo de haber nacido en Ibordó, un caserío de viviendas de palma regadas al pie de una quebrada que tributa sus aguas al río Quito, en Cértegui. Nació de padres mineros, de los mineros de batea y almocafre que salen a tempranas horas del día buscando el sustento o, como él mismo lo dice en su último libro, Buscando su Madrededios. La resiliencia marcó su destino, pues siendo muy niño cayó víctima de poliomielitis, la enfermedad incapacitante que frustró el caminar de muchos infantes de esos tiempos. Imposibilitado para andar en sus dos piernas, halló entonces en los libros la manera de correr, navegar y volar.
Su obra cumbre, Las Estrellas son Negras, se inscribe en el género de la novela social característica de su época, que denuncia la explotación del régimen capitalista y las tropelías de las compañías extranjeras en el suelo patrio.
La pobreza material extrema en que se debate Irra, su personaje principal, refleja la dramática situación de los desposeídos de todo el mundo. El hambre es la mayor tragedia de este joven, que a pesar de su penosa realidad tiene el pecho pletórico de sueños y esperanzas. Ojalá que los profesores de literatura de las distintas instituciones educativas del Chocó entiendan la importancia de este autor y se preocupen por difundir su trabajo literario.
La vida para él fue una grandiosa aventura en la que se combinaba lo arduo con lo pasional.
Recién llegado a Bogotá “tiró línea” en la revista literaria Sábado y el periódico El Espectador, luego escribió la novela que le granjeó el viaje a Europa. Arribó a París en 1949, y desde entonces se matriculó en las huestes inconformes de los poetas, filósofos y revolucionarios en boga; interactuó con Rafael Alberti, Jean Paul Sartre y Frantz Fanon, a quien colaboró desinteresadamente en la edición de su libro Los Condenados de la Tierra. Estuvo profundamente influenciado por el político y poeta senegalés Léopold Sédar Senghor. En el viejo continente abandonó las muletas gracias a la generosa intervención del cirujano bretón Pol Le Coeur. Para constancia de su admiración y agradecimiento dos de sus hijos se llaman Pol y Leopoldo
Vivió largos períodos en Varsovia, Moscú y Bucarest, por eso se comunicaba en polaco, ruso y rumano. Hablaba además francés e inglés, por lo que algunos biógrafos lo clasifican únicamente como políglota. La publicación de sus obras en varios idiomas no le despertaba vanidad, pues siempre dijo que sólo sabía escribir sobre el Chocó, con personajes chocoanos y en castellano.
Como se ve, la muerte nos arrebató al Arnoldo Palacios de carne y huesos, pero por fortuna la vida le dio la inteligencia y vigor para dejarnos un legado literario y político incalculable. Con la irreversible partida física del maestro, algunas personas han repetido, como un meridiano cliché, que las letras universales están de luto, pero no hay tal.
Por el contrario, el firmamento literario se encuentra de plácemes por un acontecimiento extraordinario: ha llegado desde Cértegui, con la humildad expresiva de su lira selvática y su canto militante revolucionario, la más rutilante de las estrellas negras.




