Por Úrsula Holzapfel y Uli Kollwitz
Acaba de celebrarse la Semana por la Paz 2021 y nos contaron que, por lo menos en el Chocó, esta vez el evento tuvo una muy buena participación. A nosotros, los misioneros católicos Úrsula Holzapfel y Uli Kollwitz, esta buena noticia nos motiva para enviar una señal de vida a las tierras chocoanas con sus habitantes tan queridos.
Ya han pasado casi dos meses desde que nos despedimos de ese terruño con el fin de pasar la última etapa de nuestra vida como jubilados en nuestra tierra natal, Alemania. Durante 40 y 45 años hemos podido caminar con las comunidades afro, indígenas y mestizas del Alto y Medio Atrato en las buenas y en las malas como evangelizadores de la Diócesis de Quibdó.
Desde los años 80 aportamos nuestros granos de arena a los procesos organizativos cuando las comunidades comenzaron a luchar por la titulación de resguardos indígenas y consejos comunitarios para convertir sus territorios ancestrales en propiedad colectiva. Con sus organizaciones fuertes, afros e indígenas consiguieron la autonomía para el manejo de sus recursos naturales, condición indispensable para frenar la destrucción del medio ambiente, especialmente la de los bosques por medio de empresas foráneas.
Lastimosamente, la dicha de disfrutar esta conquista del derecho al territorio duró muy poco. En los años noventa, las tierras chocoanas que hasta entonces de cierta manera habían sido un remanso de paz, fueron invadidas por paramilitares y guerrillas y se convirtieron en un escenario de guerra que provocó el desplazamiento de decenas de miles de familias. Esta nueva realidad obligó a la Diócesis de Quibdó a poner un empeño especial en la defensa de los derechos humanos. Para eso fue creada la Comisión Diocesana de Vida, Justicia y Paz, dentro de la cual durante las últimas décadas hemos prestado nuestros servicios.
Entre las múltiples tareas se destacaron tres:
– Apoyar la resistencia pacífica de las comunidades rurales que con mucho sacrificio aguantaron en el campo o se animaron a retornar en medio del conflicto para no perder el control sobre sus territorios.
– Ayudar a las personas desplazadas en Quibdó, en su gran mayoría viudas, huérfanos, gente anciana y enferma, para organizarse y poder reclamar sus derechos como víctimas con el fin de lograr unas condiciones mínimas de vida digna.
– Mantener viva la memoria de las víctimas civiles de este conflicto social y armado con el fin de que semejantes crímenes jamás se repitan. (Vale la pena conocer la Capilla de las Víctimas en el Convento)
Ahora, al habernos retirado del trabajo en la Comisión, debemos reconocer que los problemas continúan e inclusive se agravan. La presión de actores armados sobre las comunidades rurales está en aumento y la violencia en Quibdó ha llegado a una degradación hasta hace poco inimaginable.
Sin embargo, al mismo tiempo podemos constatar que no todos los esfuerzos para contrarrestar esta violencia han sido en vano. Las organizaciones étnico-territoriales están vivas y siguen luchando por la defensa de sus territorios. Numerosos grupos de personas desplazadas se la siguen jugando con sus iniciativas de economía solidaria. Pronto, cuando se acerca la fiesta de San Pacho, una vez más tendrán una buena oportunidad de conocer a estos grupos cuando ofrecen sus productos en la XVI. Feria Alternativa, Justa y Solidaria en El Convento.
Volviendo al inicio de nuestra nota, queremos compartirles que la amplia participación de muchos sectores de la sociedad en la Semana de Paz de este año nos llena de mucha esperanza de que el Chocó, con un gran esfuerzo colectivo, puede volver a ser un “remanso de paz”. A todas las personas que se unen a esta noble causa les queremos enviar desde Alemania mucha energía positiva que no es otra cosa que la fe de la que nos habla el Evangelio, aquella fe que es capaz de mover montañas.




