
Bebedó (“río de maíz”, en lengua indígena embera) es un corregimiento del municipio del Medio San Juan, ubicado en la cuenca media del río homónimo en el Chocó, con una riqueza natural tan valiosa, que su comunidad no duda en catalogarla como el nuevo Nuquí. El corregimiento cuenta con un patrimonio material e inmaterial cuya herencia cultural proviene principalmente de la población afrocolombiana e indígena de la zona.
Por ello la Asociación Colombiana de Desarrollo Sostenible y Ecología Industrial (ADSEI) solicitó a ERM, a través de la Fundación ERM, realizar un diagnóstico sobre el potencial de la zona para hacer turismo socioecológico comunitario, con criterios de sostenibilidad y enfoque participativo local, en torno a la cascada El Salto (también conocida como El Encanto). Los resultados son dicientes.
La cascada El Salto, en Bebedó, es imponente. Cuenta con dos caídas de agua: la primera se divide en dos chorros que bajan unos 40 metros y se unen en la parte baja en una pequeña piscina, por la que se ingresa a través de unas escaleras. Desde ahí cae a la parte baja de todo el Salto en un chorro de agua. Los habitantes embera cuentan que de ella “salían peces de oro” y que sus aguas son medicinales.
La biodiversidad es parte de ese gran tesoro del que hablan sus pobladores. En una búsqueda inicial realizada por ERM se encontró un gran número de especies únicas: 18 anfibios endémicos a nivel nacional; 11 reptiles endémicos a nivel nacional y 3 regionales y 2 aves endémicas a nivel nacional.
En aves resalta la presencia de la oropéndola del Chocó y el bobo de noanamá; en mamíferos la marimonda chocoana y el capuchino que ya se encuentran en situación de vulnerabilidad. No menos llamativos son el mico de noche chocoano y el tití del Chocó, que están catalogados como al borde de la amenaza.
Conocedora del potencial de la zona, la comunidad quiere desarrollar turismo de naturaleza, enfocado hacia actividades y servicios como senderismo, avistamiento de fauna silvestre, conocimiento tradicional, infraestructura física como hostelería de bajo impacto y capacitación en desarrollo sostenible, medio ambiente y administración, entre otros.
Este proyecto impactaría directamente a 450 personas, e indirectamente a 1.500 aproximadamente.
“El objetivo es convertir las actividades tradicionales y la abundante biodiversidad en una vitrina para los turistas, desplazando economías ilícitas como el narcotráfico y la minería ilegal. Esto impactaría los bolsillos de los habitantes del corregimiento pues muchos están en condición de vulnerabilidad o son víctimas del conflicto armado” dijo Martha Peñuela, Consulting Partner de ERM.
La iniciativa también le apuesta a fomentar la formación y el empoderamiento comunitario para que sean los habitantes de la zona quienes lideren las actividades socio ecoturísticas, mediante educación informal y formal (en alianza con instituciones de educación superior y el SENA).
La finalidad del proyecto es contribuir a mitigar la pobreza local y, al mismo tiempo, aprovechar y proteger el patrimonio medioambiental y étnico-cultural del territorio.
La Fundación ERM acompañó la fase de diagnóstico del proyecto y apoyará la ejecución del mismo, en línea con las metas del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal adoptado en la COP15.
“Creemos que la COP16 será una gran oportunidad para Colombia, de poner a las comunidades en el centro, como actores de la biodiversidad y de analizar los avances en las metas del país y del mundo” explicó Peñuela.




