Edición No. 1233. Quibdó, septiembre 13 a 19 de 2019

El Chocó de ayer

De la edición 3130 del periódico ABC (febrero 11 de 1936)

Notas locales

—En el avión de hoy siguieron para Cartagena doña Chilín Castro de Vargas y su niño, y don José Joaquín Hernández, alto empleado de la oficina de contabilidad de la Intendencia. Lleven muy feliz viaje.

—En al avión del domingo siguió para la capital de la república, con el fin de continuar sus estudios el joven Guillermo Valencia Rey. Le deseamos muy feliz viaje.

—Guarda cama nuestro apreciado amigo, doctor Sofonías Yacup, Intendente Nacional del Chocó. Deseamos su restablecimiento.

—De La Vuelta llegó el señor Enrique Londoño, inspector de Policía de ese lugar. Lo saludamos.

—Por decreto de hoy fue nombrado juez séptimo de instrucción de la Policía Nacional, con residencia en Bogotá, el doctor Gerardo García Gómez, ex secretario de gobierno de la Intendencia.

De la edición 3131 del periódico ABC (febrero 13 de 1936)

Fueron nombrados varios alcaldes e inspectores

Decreto 55 (febrero 13 de 1936) Por el cual se hacen unos nombramientos en propiedad, para el período en curso.

El Intendente Nacional del Chocó, en uso de sus facultades DECRETA

Artículo único. En propiedad y para el período en curso hácense los siguientes nombramientos.

Alcalde provincial del Atrato, Julio Perea Quesada.

Alcalde municipal de Condoto, Vicente Ferrer García.

Alcalde municipal de Bagadó, Luis Padilla M.

Alcalde municipal de Riosucio, Luis F. Vivas.

Alcalde municipal de Acandí, José ]antonio Salazar.

Inspector de policía de Valencia, Cosme D. Moreno.

Inspector de policía de Cértegui, Donaldo Valencia. Comuníquese y cúmplase. Sofonías Yacup, Intendente Nacional del Chocó

El Tratado con E.U.A.

Desconocemos los argumentos que haya expuesto, fuera del muy manoseado del imperialismo, nuestro apreciado amigo, doctor Diego Luis Córdoba, contra el convenio comercial con Estados Unidos, que la Cámara aprobó ya, en mucha parte, en una interesante sesión que se prologó desde las 4 y media de la tarde del onmce hasta las tres de la madrugada de ayer, sesión durante la cual nuestro distinguido coterráneo abordó todos los temas en su propósito de obstruir el debate, y arrebató a Stalin el campeonato de oratoria de largas dimensiones, según nos reveló anoche el representante Sepúlveda, compañero de oposición al Tratado, quien hizo un merecido elogio del orador chocoano. El doctor Diego Luis Córdoba exhibió anoche una resistencia laríngea de primera clase, y una copiosa erudición. Pero a nosotros nos hubiera gustado más haber oído alguna razón que nos convenciera de que ese convenio es malo para el país, desde el unto de vista del costo de la vida, y eso no lo trató, o no lo oímos nosotros por las malas condiciones en que trabaja la emisora que transmite las sesiones.

Nosotros acompañamos a los ministros y representantes que han sostenido la tesis de que el congreso no puede modificar los tratados. Puede aprobarlos o improbarlos. No pudimos quedar convencidos con los argumentos de Mario ruiz y de Liego Luis Córdoba, ni de Ángel Echeverry y otros jurisconsultos, de que el congreso sí puede modificar los tratados, que no son una ley propiamente dicha, sino contratos que se pactan entre dos naciones, por medio de quienes dirigen las relaciones exteriores, quedándole al congreso la facultad de negar o aprobar. La ley no la constituye propiamente sino el artículo que establece su aprobación.

De la edición 3132 del periódico ABC (febrero 15 de 1936)

Los cacos en acción.

El día diez de los corrientes, en las horas de la noche, los cacos penetraron a una tienda que posee el comerciante de Yuto, Justiniano Salazar, en un sitio del lado de abajo del caserío, y extrajeron 10 castellanos de oro en polvo, dinero en billetes y monedas, y joyas, por un valor que Salazar estima en más de trescientos pesos.

Nos refiere Salazar que él posee dos tiendas (chuzos), uno en el caserío de Yuto, y otro en el sitio donde ocurrió el robo, que es otro caserío que se está formando.

El día diez den la horas de la noche cerró su negocio y se embarcó para Yuto, con el fin de recoger lo que tuviera en su “chuzo” de esa población, para bajar al día siguiente a Quibdó y atender sus compromisos.

Pero el inexperto Salazar no cayó en cuenta de que, mientras él se dirigía a Yuto, los cacos estaban meditando la menera de apoderarse de lo suyo. Y fue así como abrieron el candado, cogieron lo que más les convenía, y le evitaron a Salazar que al día siguiente se tomara el trabajo de abrir la puerta, que también destrancaron.

Nos dice Salazar que no han dado resultado las investigaciones hechas hasta ahora, a pesar de la buena voluntad del Inspector de Policía, que ha trabajado con tesón para dar con los ladrones. Lamentamos el caso.