Edición No. 1244. Quibdó, noviembre 29 a diciembre 5 de 2019

Jorge Robledo, el mejor senador

Mario Serrato Valdés

Cuando me entero de que Jorge Robledo fue escogido nuevamente como el mejor senador de Colombia, dos sensaciones invaden mi mente, primera, la alegría que produce saber que nuestra democracia permite personajes rabiosos dispuestos a darse puños en el recinto del Congreso como Mejía y copartidaros y mentes superiores como la de Robledo emitiendo ideas brillantes en el mismo entorno, dicho de otro modo: un zoológico de hienas y perros rabiosos frente a la biblioteca de Alejandría, y segundo: confirmar que la inteligencia sigue estando por encima de la brutalidad y la rabia irracional.

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Noto, con algo de preocupación, que los uribistas de verdad, los que tienen finca y ganado en ella y salen de compras una o dos veces al año a Nueva York, Milán o París y que tienen a los hijos en posgrados en Harvard, MIT o en Oxford, y que tienen la más costosa medicina prepagada, repito, noto que muchos de ellos están saturados de Uribe. Al energúmeno caballista atribu lado que hasta le cierran la cuenta en Twitter por incitar a la violencia, solo le quedan seguidores de educación maltrecha y sin méritos, partícipes de torcidos de baja envergadura, contratistas de 4 o 5 salarios mínimos y tres meses de estabilidad laboral, fanáticos desorientados de piel oscura y personajes de fenotipo milenario en América. Por fortuna para él, este último grupo es tan suficientemente plastilinico y manoseable, que hasta las patadas en la cara de sus hijos se las aplauden.

¿Será que Duque ahora sí entenderá que no se hizo presidente para satisfacer las patologías anímicas y emocionales de Álvaro Uribe, sino para administrar a Colombia?

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Colombia tiene más de 6 millones de emigrantes en el extranjero, es más, la clase media se define, además de las deudas impagables y los sueños rotos, por tener a un familiar en los Estados Unidos y por tener a un tío bacano que le gusta el aguardiente. La xenofobia es uno de los principales indicadores de la pobreza espiritual, un colombiano xenófobo no es más que un pobre imbécil incapaz de mirarse al espejo.