Edición No. 1253. Quibdó, febrero 14 a 20 de 2020

Alicia y Aida

Mario Serrato Valdés

Antes Iván Duque me preocupaba: su frivolidad de adolescente estúpido, su incapacidad manifiesta para el gobierno, su falta de coraje y pobreza espiritual, su desinterés por las nece-sidades populares, sumadas a su propensión cínica a la mentira, me sorprendían cada mañana, pero desde que le impusieron a Alicia Arango en el ministerio del Interior, Iván Duque me conmueve. Alicia Arango, la desalmada señora que tiene por única autoridad a Álvaro Uribe, es 100 veces más inteligente que Duque, mil veces más autoritaria, un millón de veces más cínica y trillón de veces más capaz de poner en marcha los planes que El Ubérrimo tiene para Colombia. En adelante los consejos de ministros serán más secretos porque la autoridad de Alicia Arango pondrá evidencia que el señor Presidente ha sido sustituido y la bobalicona de Marta Lucía Ramírez, con sus siempre desacertadas declaraciones, saldrá disparada a una embajada lejana para que su torpeza habitual no obstaculice la labor de quien llegó al gobierno a mandar. En la Inglaterra medieval, frente a un fenómeno similar los cortesanos dirían en coro: el rey ha muerto, viva Alicia...

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En sistemas de justicia serios y respetables, los testigos más apreciados son los que provienen de las entrañas delito. Es más, a los delatores que han sido miembros de organizaciones cri-minales, se les protege de por vida con cambios de identidad y ocultamiento permanente. En Colombia, por el contrario, testigos como Aida Merlano son despreciados y descalificados, e incluso, la Fiscalía, en un acto de falta de profesionalismo sospechosa, desprecia la “notitia criminis” contenida en las declaraciones de la ex congresista aterrorizada por el poder de sus antiguos secuaces. Allí se puede ver la pobreza conceptual y la manipulación grosera a la que están sometidos los funcionarios del ente investigador. Por mi parte, y basado en mi experiencia como observador de la realidad nacional, todo lo dicho por Aida Merlano es cierto. Yo lo sé, y sé que usted también lo sabe.